Las nuevas tecnologías y la naturaleza cambiante de las cosas

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Todo cambia. 🦋 Algunas cosas o situaciones son más obvias que otras, pero nada se queda exento de la realidad de estar en una constante transformación. Nuestros cuerpos inevitablemente envejecen, en un mismo día podemos experimentar diferentes tipos de climas, el motor de un coche de 50 mil km no es igual que cuando estaba nuevo, tu equipo de futbol no siempre gana ni tiene los mismos jugadores y hasta las relaciones que tienes con tu pareja, hijos, familiares y amigos se van modificando con el tiempo.

Sin embargo, aunque es bastante fácil de entender esta realidad, en la práctica tendemos a relacionarnos con los objetos, personas, relaciones y situaciones apostando a que se mantengan estables. Por eso, cuando ocurre un cambio o una pérdida, la mayoría de las personas pasamos por una diversidad de estados emocionales que van desde la euforia a la tristeza más profunda; a pesar que en el fondo sabemos que absolutamente todo pasa y esa situación en particular, también pasará.

La “velocidad” en que una persona puede regresar al equilibrio emocional después de un evento que modifique su status quo, es directamente proporcional a su capacidad de resiliencia, la cual se nutre, entre otras cosas, de una habilidad emocional llamada: tolerancia a la frustración.

La inmediatez, es una de los resultados que han generado las nuevas tecnologías. Con tan solo un click puedes comprar un boleto de cine, pedir una pizza, ver sólo la parte del capítulo que querías ver de la serie que te gusta, escuchar una canción, pedir el teléfono del plomero en el chat de vecinas, felicitar a alguien por su cumpleaños, bajar un libro, subir un video, chatear con alguien y hasta conseguir una cita para esta noche. Todo se ha convertido tan fácil de acceder y de conseguir, que vivimos bajo la falsa ilusión de que hay una app para todo en la vida y una tolerancia muy baja para aceptar cambios y postergar gratificaciones.

Es bastante irónico que algo tan cambiante como las nuevas tecnologías nos estén convirtiendo en personas con bajos niveles de tolerancia a la frustración.

El segundo aspecto interesante que están modificando la tecnología es la permanencia de las situaciones en el tiempo. Todo pasa y esto también pasará, aplica dependiendo de lo que pasó y de que tanto se viralizó. Una vez que eres expuesto en las redes sociales por algo que hayas hecho o que se haya inventado sobre ti, va a depender mucho de cuanto se tarde en salir un nuevo escándalo que tape el tuyo. Y aún así, en dos o tres años puede volverse a traer a la palestra pública.

Por tanto, la segunda ironía es cómo la tecnología te vuelve más débil mientras que hace el golpe más fuerte y duradero.

La forma de mitigar estos efectos es, por un lado, tomando control sobre el uso de las tecnologías y para ello hay que autogenerarnos la conciencia de los efectos que pueden tener sobre nuestro bienestar. Segundo, siendo más empáticos los unos con los otros. Una vez que somos conocedores del gran poder destructivo que tiene viralizar un contenido en la red, tomemos dos segundos para pensar antes de dar “like” o “compartir”.

Está en nosotros el trasladar a nuestra realidad digital, aquello de “Todo pasa y esto también pasará” y en convertirnos en personas cada vez más o menos débiles, ante la naturaleza cambiante de las cosas.